Al llegar al dique de la presa, es difícil definir
el motivo de la sorpresa: La grandiosidad de la hidroeléctrica,
la inmensidad del lago, que hace imaginar el pasado de aquel
lugar, a no menos de 150 metros de profundidad y la naturaleza
inusitada del lugar.
Una escalera lleva al restaurante flotante Karranca's,
cuya plataforma sirve también de acceso al catamarán
para el paseo de tres horas, incluyendo parada para un baño
en el “Paraíso do Talhado”, situado en
el corazón del Canyon de Xingó.
Serpenteando entre las escarpadas paredes rocosas, el catamarán
atraca en una balsa de apoyo, en una especie de ensenada,
en la boca de la “Gruta do Talhado”. Los pasajeros
(que saben nadar), equipados con salva-vidas, bajan a las
aguas refrescantes. Los más aventuteros embarcan
en una pequeña canoa, para ver con detalle la “Gruta
do Talhado”. Abriendo los brazos se pueden tocar los
dos márgenes, tal es el estrechamiento del rio. Mirando
hacia arriba, las paredes parecen unirse, a casi 100 m de
altura, proporcionando una visión impresionante y
asustadora.